La Vuelta Al Campo


Agro Ciudad trabaja por traer la cultura agrícola a las urbes.

El proyecto de Agricultura Urbana, aplicado en el marco de la Gran Misión AgroVenezuela, permite a los habitantes de las grandes ciudades disfrutar de un autoabastecimiento de hortalizas y otros rubros agrícolas.

Por Saimar De Santis Itriago

En un mercado popular de Caracas, una señora de unos 60 años discute con un empleado de la frutería mientras agita una bolsa con unos cuantos tomates: “pero, chico, ¡si la semana pasada el kilo costaba 14 bolívares! ¿Cómo es que ahora cuesta 19?”. El empleado le responde con una sonrisa burlona: “bueno, señora, si quiere usted lo siembra y lo vende más barato”. Los presentes ríen, pero en la realidad de Caracas, desde el 30 de enero del 2011, es posible que esta señora comience a sembrar su propio tomate, y sus hortalizas, y hasta sus flores, en el marco del proyecto de Agricultura Urbana de la denominada “Gran Misión AgroVenezuela”.

Este proyecto es una de las cinco líneas estratégicas que el ejecutivo nacional puso en marcha para mejorar la producción agrícola en el país. Llevada a cabo por la Fundación de Capacitación e Innovación para Apoyar la Revolución Agraria –CIARA- institución adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Agricultura y Tierras, la Agricultura Urbana y Periurbana surge como una “alternativa y potencial plataforma de desarrollo local y comunitario, con una visión de aprovechamiento integral y de rescate de las potencialidades humanas y ambientales existentes” en los espacios urbanos.

Pero el aporte de este proyecto es modesto, en comparación con otros proyectos de la misión. Así lo afirma Elvis Cerpa, Coordinador Nacional del proyecto “Agro Ciudad”, nombre con el que el presidente Chávez denominó a la aplicación de la Agricultura Urbana en su lanzamiento en Enero de 2011. Cerpa indica que se pretende llegar a 20 mil productores registrados como meta del proyecto para este año, de 600 mil que hay a nivel nacional: “igualmente la producción es menor cuando la comparas, pero el verdadero potencial del proyecto es que incentiva el que la gente pueda retomar la actividad agrícola: la vuelta al campo”.

Una inversión a largo plazo

“La producción de alimentos a nivel urbano se hace con el fin de que se pueda incidir en el precio de las hortalizas y en la organización de las familias y las comunidades en torno a una actividad productiva”, indica Cerpa en referencia a la retribución de los productores al estado por la inversión en el proyecto: “El ideal del proyecto es que desde un metro cuadrado de espacio, en los balcones de los apartamentos, en las terrazas la gente pueda producir su propio cebollín, su propio cilantro, igual que las plantas ornamentales para la recuperación de los espacios”. Gran parte de la Agricultura Urbana es para el autoconsumo de las familias productoras y en los huertos escolares la retribución es la educación de los niños que están aprendiendo de la siembra. A los interesados, tanto por familias como en las organizaciones comunales, se les sensibiliza con respecto al proyecto haciendo hincapié en que se van a consumir alimentos sanos y más económicos.

Y es esta la principal fortaleza del proyecto, señala Magalys Blanco, técnico de la fundación CIARA: “La integración al proyecto se ha cumplido, quizás no al 100 %, pero es un proceso satisfactorio porque tenemos un grupo de personas que ahora saben cultivar lo que comen y han aprendido a querer y a valorar la tierra. También porque llevan a la mesa producto sano, libre de agrotóxicos”.

Pero este proyecto tiene sus limitantes, pues las personas en la ciudad no suelen estar interesadas en la siembra de hortalizas a largo plazo teniendo acceso a estos alimentos en los mercados en un plazo menor. Blanco afirma que en la Fundación se sensibiliza a las personas para que adopten el proyecto: “Luego que comienzan a sembrar, cuando ven que su matita esta pequeñita y que lo que sembraron ya germinó, la gente comienza a tomar animo”.

Así, muchos habitantes de la ciudad han comenzado a producir sus propias hortalizas. Sólo en el Distrito Capital para el mes de Abril ya se encuentran activas 2214 Unidades de Producción Agrícola y otras 2239 se encuentran en estado de proceso, a la espera de materiales o de capacitación de los productores. “Desde CIARA se dota de las mesas organopónicas, de las herramientas y los materiales, del abono, etc. Se ha luchado para sembrar la agricultura urbana en la mente de la gente”, dice Blanco para subrayar el esfuerzo de campo que se hace en este organismo: “La cantidad de mesas que han salido de la Fundación, la cantidad de cursos y actividades de capacitación, demuestran que sí se ha logrado algo.”

“la agricultura no es una cuestión de política, es cuestión de conciencia”

Elvis Cerpa considera que el proyecto Agro Ciudad tiene un alto contenido ideológico: “La contribución de este programa de atención es la organización, y sí tiene un contenido político: procurar la soberanía agroalimentaria enmarcada en el proyecto del socialismo”.

Sin embargo, los programas dirigidos a solucionar los problemas de alimentación tienen un enfoque delicado, como opina la Ingeniero Agronomo Mirna Crespo: “Quizás la agricultura urbana no es la solución, pero es un paso”. La Ingeniero reflexiona sobre este tema que no se debe aceptar o rechazar el proyecto por una parcialidad: “Es un proyecto de este gobierno, pero la agricultura no es una cuestión de política, es cuestión de conciencia. No veamos cual tolda lo está promulgando si no que somos capaces de desarrollar”.

Cuando el entonces Ministro de Agricultura y Tierras, Juan Carlos Loyo, explicaba en declaraciones a TeleSur del día 26 de enero de 2011, el enfoque era totalmente comunal: el ex ministro planteaba que si se pertenece a un consejo comunal o colectivo y se dispone de un espacio, los productores pueden registrarse en la agricultura urbana para producir intensivamente en espacios pequeños para “dotar a las comunidades de elementos de autoabastecimiento”. En la actualidad, la producción se ha dado más bien en espacios individuales, y no comunitarios. Crespo considera que esto es por un problema  cultural: “Todavía tenemos individualismo. A pesar de tener más espacio y posibilidad de una siembra diversificada en los huertos Comunitarios, hay fallas en la integración y eso dificulta que las personas asuman la responsabilidad del proyecto. Por eso hemos tenido mejor respuesta en las unidades familiares”.

Acompañamiento y Capacitación: directo a las comunidades

El trabajo de llevar la Agricultura Urbana casa por casa es trabajo de los brigadistas y técnicos de campo de la Fundación CIARA. Jenny Egea trabaja como técnico de campo responsable de la parroquia Sucre, en el municipio Libertador. Este sector de la capital tiene en la actualidad 663 Unidades de Producción Agrícola en los sectores populares de Catia y el tramo Caracas-La Guaira que son visitados diariamente por técnicos y brigadistas.  Para Egea, lo más importante es la interacción entre la comunidad y los técnicos: “La relación más allá de ser técnica termina siendo de amistad con los productores. Antes que imponer un criterio, compartimos con la comunidad y tanto ellos aprenden de nosotros como nosotros de sus conocimientos empíricos”.

En la parroquia Sucre, informa la Técnico, existen patios productivos con grandes cantidades de cosecha que les permiten comercializar tanto en la comunidad como en ferias agrícolas luego de todo el proceso de entrega de materiales y capacitaciones: “La mayor satisfacción es cuando la gente de verdad se involucra, especialmente a la práctica agroecológica. Decepciona que los productores sean apáticos o que se le capacite para que produzca de manera ecológica y luego utilice métodos tóxicos”, reflexiona Egea.

Henry Palomo también es técnico de campo, en su caso responsable de la parroquia Petare, en el municipio Sucre del estado Miranda. Para él, hay sectores que no han terminado de organizarse ni tener la actitud activa o de voluntariado que se necesita en el proyecto, sin embargo no todo es cuesta arriba pues cuentan con comunidades en las que si se aprovechan los recursos de los que son dotados por la Fundación. “Hay incredulidad y hay personas que no tienen ningún interés en el proyecto”, indica Palomo, quien plantea por su experiencia en campo que en estos casos, la formación es lo primero para que las personas puedan desarrollar cualquier tipo actividad productiva, para fomentar su interés: “A veces el técnico tiene que subir 100 escalones con unos sacos de abono porque las personas no bajan a buscar sus materiales. La idea es buscar estrategias para incentivar a la gente”.

Para tener más presencia en las comunidades, la Fundación CIARA contrató Brigadistas, jóvenes como Enver Centeno, que comparten sus estudios con un empleo de medio tiempo en las comunidades, y que ya suman más de 970 en todo el país, entre brigadistas de campo y brigadistas de las unidades operativas de seguimiento de Agricultura Urbana. Para Enver, el proyecto lo ha ayudado a él y a las comunidades: “hay muchas personas que no tienen recursos para optar por un espacio de terreno grande y que le gusta la agricultura y lo hacen a nivel familiar o comunitario. Además, ahora yo puedo prestar apoyo técnico pues he aprendido mucho en las comunidades”. El estar en el campo, interactuar con la gente le ha permitido a Enver aprehender este proyecto: “trabajamos para recuperar valores socioculturales. Se enseña a tener sentido de pertenencia con respecto a la alimentación. Ese sentido de saber que podemos ser productivos y crecer en nuestra identidad cultural, dejar de importar alimentos. Lo importante es saber que podemos hacerlo”.

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Fuente: Banco Agrícola de Venezuela

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