Doñas al bisturí


Con casi medio cupón lleno, ni los hijos, ni largos matrimonios o divorcios en pie, son excusas para que las señoras quieran sentirse bellas por dentro y por fuera, pero tampoco las alejan de pasar por una y mil travesías para lograrlo.

Son las dos de la tarde y la secretaria del Doctor Suárez se acerca a paso rápido por el pasillo que da a la puerta del consultorio. Abre la puerta del pequeño lugar y en fila india empiezan a entrar apresuradamente -cual usuarios en vagón del Metro a punto de cerrar sus puertas- las más doce mujeres que esperaban ansiosas la cita para la mamoplastia. Los nervios se alborotan mientras la secretaria comienza a anotarlas, en teoría por orden de llegada, en la libreta del médico.

Delia, cuyo nombre real prefirió mantener en anonimato, había llegado a las doce ese día, de primera. Le tocó esperar un rato en la entrada, pero por sus más de cuarenta años pidió permiso en el consultorio de en frente para descansar en un sillón. Sin darse cuenta, afuera se fue llenando el pasillo de mujeres con el busto agrandado o con las ilusiones de que el doctor les hiciera “el milagro”.

Una vez adentro, se sentó y entre un intercambio de palabras con las demás, le tocó el tercer lugar a consulta. Pero a ella no le importaba nada. Todo lo que quería era que el doctor le arreglara las cuatro intervenciones que tenía ya encima y que desde el 2008 no la dejan sonreír. “Ya estoy cansada. Yo lo que quiero es salir de mi asunto tranquila”, comenta resignada y con tristeza. En su rostro, las marcas de posibles inyecciones de botox que dificultan percibir su edad exacta, el cabello teñido de amarillo, altos tacones y ropa ajustada.

Delia forma parte de ese 20% o 30% de mujeres que se hacen cirugías plásticas después de los cuarenta y cinco años (teniendo en cuenta que la población femenina en Venezuela que pasa esta edad está conformada por un aproximado de 3.539.956 millones de habitantes para el año 2011 según el Instituto Nacional de Estadística), de acuerdo a información proporcionada por el presidente de la Sociedad Venezolana de Cirugía Plástica, el Dr. Jesús Pereira. En estos casos, las señoras acuden al bisturí principalmente para hacerse tres tipos de intervenciones: mastopexia (levantamiento de senos a menudo combinado con el aumento mamario o mamoplastia), blefaroplastia (rejuvenecimiento de párpados) y la dermoplastia (procedimiento que elimina grasa y flacidez en la piel). Pereira afirma que el 70% de las féminas de esta edad acuden para hacerse la blefaropastia, en segundo lugar la mastopexia y en tercero la conocida “dermo”.

En  el consultorio del Dr. Suárez, todas ríen o intercambian anécdotas de sus operaciones o hablan de sus expectativas las que estaban próximas a entrar a quirófano, allí mismo. Pero Delia está callada y distante, ninguna de las pacientes había vivido su experiencia: un seno más grande que otro por más de cuatro años, un divorcio reciente y la angustia infinita que genera saber que el responsable de sus lágrimas diarias estaba fuera del país y no había nada que pudiera hacer para compensarle.

Como Dana, unas  trescientas mujeres al mes acuden al consultorio del cirujano. En su mayoría para aumento de senos; entre las mayores, unas ocho al mes prefieren la dermoplastia y al menos 3 se hacen la blefaroplastia. Casi todas llegan diciendo “me lo recomendó una amiga”, “mi amiga dice que él es lo máximo”, o simplemente “él opero a fulana…”. A Dana le pasaba igual. Temblando y con las manos frías, depositaba su fe en aquella consulta por la que como ella, muchas mujeres pagan de cinco a veinte millones de bolívares “de los ahorritos” para verse y sentirse bellas.

Pero el precio para sentirse bien con el físico al tener toda una vida hecha no está basado solo en el dinero.

Una búsqueda llena de riesgos

Zaida Cruz tiene 47 años de edad, está divorciada, vive en Maracay con sus dos hijos y aunque hace dos o tres horas de gimnasio a diario y alguna que otra dieta, desde hace nueve meses decidió entrar a quirófano para practicarse la mastopexia. “A una le gusta sentirse bonita, que la miren, quitarse esos kilitos que el gimnasio no puede ya”, comenta la señora Cruz.

Pero cuando los años no han pasado en vano, no solo se nota en el cuerpo, sino en la experiencia. Casos como la reciente polémica de indemnización por los implantes marca PIP (Poly Implant Prothése) franceses, hace que señoras como Zaida se toman su tiempo para averiguar quién hará los cortes en sus pieles y cómo. “Yo me tomé el trabajo de investigar. Le pregunté a todas mis amigas, leí revistas, periódicos, ví videos en Youtube, busqué y busqué en internet y averigüé cómo funcionaban los consultorios”, dice.

El doctor Pereira, por su parte, asegura que “las jóvenes son un poco más impulsivas a la hora de ponerse en manos de un médico, pero las mujeres de cierta edad son más cautelosas, se asesoran en internet y se fijan si los médicos pertenecen a la Sociedad”.

Y es que los procedimientos quirúrgicos no son cosa sencilla cuando se pasan los cuarenta años. Los principales elementos a poner mayor atención en las pacientes, como cuenta Marlyn Acosta, secretaria del Dr. Suárez, son la reacción a la anestesia, la tensión arterial de las pacientes y el control de esfínteres. “Hay algunas pacientes que se orinan en el área de recuperación”, dice.

Pero esos no son los únicos indicadores. Según un reportaje de la revista chilena de saliud, Medwave, también se pueden presentar complicaciones cardiovasculares y “las operaciones que comprometen la cavidad torácica y abdominal son más riesgosas, porque los músculos respiratorios en estos pacientes están debilitados, los reflejos de tos están disminuidos y es frecuente encontrar el antecedente de tabaquismo crónico y que son portadores de bronquitis crónicas obstructivas. Por miedo al dolor, el paciente respira superficialmente, lo que aumenta el riesgo de complicaciones respiratorias.

Las mujeres no pasan por alto los riesgos a los que se exponen, tomando en cuenta la posibilidad de una mala praxis y el hecho de que algunas operaciones, como las reconstructivas llevan más de una intervención”.

A lo que se le suma el hecho de que “el desgaste de la piel con los años hace que a veces uno tenga que hacer dos o tres cirugías para que la paciente quede bien”, explica el mismo doctor Suárez con respecto a las operaciones reconstructivas, que suelen ser entre las más comunes, la más delicada.

Sin embargo, por múltiples razones, las señoras a veces deciden tomar estas decisiones a solas, tal como Dana, aquel día en el consultorio del doctor. Le enviaba mensajes de texto a su hija indicándole la dirección, con la esperanza de que ésta apareciera por sorpresa, pero en el fondo sabía que no vendría. “La gente está y de repente no está más. Todos tienen su vida hecha, por eso una tiene que prepararse de joven”, guardaba su teléfono y seguía viendo el reloj temblorosa. Ya eran las cinco de la tarde y no había entrado a consulta, el doctor iba a operar.

El “qué dirán”

“Para mí sería extraño ver a mi mamá como una de esas mujeres maduras que uno se le queda viendo en la calle, pero si ella quiere sentir bien la apoyaría”, dice David Hernández, de veinte años de edad, si le preguntan por la opción de que su madre, de cincuenta y dos, se haga una cirugía estética.

Zaida Cruz tuvo que lidiar con opiniones en contra durante todo el trayecto, antes y después de operarse. “Yo tuve que decirle hasta a mi mamá que tenía una malformación en el busto para que me fuera a cuidar por lo menos los primeros días. Después, cuando se enteró, las señoras decían -!Qué sinvergüenza, cómo se le ocurre!- y de ahí no fue más”, cuenta riendo siempre, pues aunque muchos la criticaron, se siente feliz con los resultados. “Todo es cuestión de la edad. Después que una pasa los cuarenta, la gente anticuada, que no se adapta a los cambios, no lo ve bien”, dice.

Sin embargo, el Doctor Pereira aclara que esto no sucede en todos los casos. Dependerá básicamente de la condición socio-económica en la que suceda. “Por lo general, si es una mujer cuyo círculo social se hace cirugías constantemente, eso será símbolo de posición económica; mientras que para aquella en la que las prioridades son la manutención del hogar y otros gastos, la belleza pasa a ser un factor extra que es mal visto y la gente dice cosas como –Hubieses gastado tu dinero en algo más…”.

Cualquiera que sea el caso, el presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica Venezolana apunta que la belleza no tiene que ser considerado algo terciario en las féminas. Cuando se pasan los cuarenta años, hay algunas marcas de la edad y el ritmo de vida de la esposa y ama de casa de hoy que solo el bisturí puede borrar y hacer que la mujer recupere su femineidad y “el tiempo perdido”. Pero aclara que “no piden grandes cambios. Suelen querer quitarse cinco o diez años. Si una mujer pide más de allí, es mejor no operarla”, dice el doctor Pereira. Todo, porque es un asunto de sentirse bien consigo misma y conlleva otros factores psicológicos que un buen médico debe estar en capacidad de evaluar. “Estas cosas a una la mujer le afectan mucho la parte emocional, psicológica, sexual. Tú no sabes o que es todo eso”, dice Dana al explicar su caso.

Mientras tanto, en los hogares de Venezuela, entre preparar la cena, hacer la lista del mercado y planificar los paseos familiares, muchas otras mujeres que llegan a sus años dorados piensan formar parte de la población que coloca a Venezuela entre los primeros treinta lugares del mundo con alto número de cirugías plásticas. Se untan de maquillaje a diario, porque como dice el doctor Pereira, “no hay nada más hermoso que una mujer que sonría”.

RECUADRO 1

A. Procedimientos de cirugía plástica estética de la cara

a. Levantamiento de cejas

b. La blefaroplastia (rejuvenecimiento de párpados)

c. La rinoplastia (procedimiento estético nasal)

d. Lifting facial y Cuello

e. Liftting del tercio medio (Rejuvenecimiento del párpado inferior / conexiones de la mejilla)

f. Otoplastia (Procedimientos para reposicionar las orejas prominentes)

g. El aumento de aloplásticos (implantes faciales diseñados para mejorar el volumen facial)

h. El injerto de grasa (técnicas para aumentar el volumen de la eliminación y la inyección de grasa de un paciente)

i. Otros rellenos de tejidos blandos (Ejemplos: Restylane, Perlane, Juvederm, Hylaform, Cosmederm y Cosmeplast, ArteFill, Radiesse, Sculptra)

B. Procedimientos de cirugía plástica de la mama

a. Mamoplastia (aumento de mamas)

b. La mastopexia (levantamiento de senos a menudo combinado con el aumento mamario)

c. Mamoplastia de reducción (reducir el tamaño de la mama a menudo para la funcional, así como la mejora estética)

C. Procedimientos de cirugía plástica estética para el contorno corporal

a. La liposucción (eliminación de depósitos de grasa por medio de técnicas de aspiración tradicionales o el uso complementario de la energía ultrasónica para ayudar en la eliminación de grasa)

b. La abdominoplastia (cirugía estética de abdomen / modificación total, dependiendo del grado de laxitud de la pared abdominal)

c. Elevación del muslo (levantando la parte interior y/o en el exterior de los muslos de una forma mejorada)

d. Cinturón de lipectomía (suele llevar a cabo después de la pérdida de peso)

e. Parte inferior del cuerpo de elevación (suele llevarse a cabo después de la pérdida de peso)

f. Braquioplastia (reducción del tamaño de los brazos desde la axila hasta el codo)

g. El aumento del implante de los músculos del pecho, las nalgas y pantorrillas (puede incluir implantes de silicona o injerto de grasa)

RECUADRO 2

Antes de decidir someterse a una cirugía debe considerar lo siguiente:

  1. La cirugía debe ser para usted, para sentirse bien consigo misma, no por complacer a terceros.
  2. Preferiblemente, que el médico pertenezca a la Sociedad de Cirugía Plástica Venezolana. De esta forma tendrá asesoría y apoyo legal ante una eventualidad.
  3. Cerciórese de la pulcritud del lugar donde será atendida e intervenida.
  4. Procure no asistir sola el día de la intervención.
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