La Gatera: La vida sobre una bomba


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Muchas familias venezolanas necesitan soluciones habitacionales que las desvinculen de algún estado de emergencia o refugio temporal. Sin embargo, las construcciones improvisadas están tomando nuevos espacios en Caracas, estructuras inestables ganan terreno y la sobrepoblación en la capital genera zonas de riesgos con mayor frecuencia

Génesis Celis

Las invasiones se han acrecentado por la desesperación de muchos de conseguir un espacio propio. Margarita Espinoza, madre trabajadora, tuvo su “oportunidad” de ocupación habitacional hace diez años, cuando a partir del paro petrolero de 2002, una estación de servicios PDV quedó en el abandono. Ella, sus familiares y conocidos vieron allí un terreno desocupado considerado provechoso. Entre escombros de viejas infraestructuras, aguas estancadas y otros residuos, se levanta una comunidad que ha construido cada uno de sus hogares sobre una zona considerada no habitable.

La estación de servicios E/S. La Gatera C.A abarca área en la avenida Intercomunal El Valle con la calle 18, y forma parte de otra gasolinera que ocupa sitio hacia la carretera Panamericana. Según Catastro de la Alcaldía del Municipio Bolivariano Libertador, la estación es propiedad privada de Alejandro Anzola, y mide 4.000 mts.2.  Estos datos los registró Fundacaracas, fundación de la Alcaldía que recupera y utiliza terrenos al servicio de la comunidad.

La inspección que ejecutó el Instituto Municipal de Gestión de Riesgo y Administración de Desastre, IMGRAD, determinó que las viviendas que allí se construyeron, están en condiciones deficientes. El registro especifica abundantes filtraciones e infraestructuras débiles, cerca del colapso.

“La cauchera tenía mucho tiempo abandonada, era puro escombro y vivían indigentes”, aclara Margarita Espinoza, quien desde hace diez años vive en una casa erigida en un laberinto de bloques al fondo de la estación de servicios. Relató que era una época de lluvia cuando varias familias de El Valle y de la Panamericana decidieron tomar la iniciativa de ocupar los espacios ociosos de la gasolinera abandonada, pues estaban cansados de buscar soluciones habitacionales. Espinoza asegura que el dueño de La Gatera fue uno de los primeros en unirse al paro; luego una persona a quien apodaban “el grillo” y  cuidaba la bomba, se “desapareció”. Actualmente, hay cerca de 42 familias habitando en la antigua bomba La Gatera. Nelson Abril, dueño de un taller mecánico que tiene catorce años en funcionamiento y que se ubica justo al lado de la comunidad de la gasolinera, cuenta que hace alrededor de un año y medio, nuevas familias  comenzaron a invadir la parte delantera de la bomba. “Antes de las invasiones la zona era mas segura, después se mataban unos con otros. Ahorita es que la situación está más aplacada”, revela Abril. Sin embargo, Espinoza testifica que La Gatera sufre la inseguridad y está en constante conflicto con la policía, “somos víctimas del hampa y de los grupos policiales; aquí roban mucho, la bomba tiene dos entradas,  entonces roban por una y salen por otra”. Asimismo, asegura que la policía hace “desastres” en esa zona. Contó que un día la guardia disparó a la ligera sin importar consecuencias.

La gasolinera que se ubica hacia la Panamericana, es lugar de mercado y de buhoneros; también hace vida una fundación cristiana de rehabilitación y acojo. Espinoza, quien lleva el registro de todas las inspecciones y estudios de la zona, asegura que en el centro cristiano habitan 84 mujeres, catorce niños y ocho ancianos. Por otra parte, asevera que es una de las personas que más ha luchado por su comunidad, “he ido a Fundacaracas y a Catastro”. De igual forma, denuncia que todo se queda en informes, “han venido distintos entes a inspeccionar y nadie nos ha dado solución porque no tenemos un consejo comunal, no hay organización sólida que respalde a la comunidad como tal”.

Entre las dificultades que han surgido en el proceso de consolidación de la comunidad, Espinoza expone los riesgos eléctricos que han sufrido; una red de cables liados conecta cada hogar de manera improvisada; aunque asegura que Corpoelec fue a inspeccionar el área, hay otros problemas de riesgos que requieren de mayor estudio, como la condición inquietante de los tanques de gasolina que permanecen en el lugar.

Jesús Parra, integrante de la División de Información Geográfica de Fundacaracas, expresa que una bomba abandonada es más peligrosa que cuando está llena, porque los tanques subterráneos tienen gran capacidad para almacenar combustible y al encontrarse vacíos acumulan gases tóxicos. “Cuando se abandona una bomba es de suma obligatoriedad que el dueño del terreno remueva esos tanques. La poca gasolina que queda empieza a evaporar”, explica. Además, se le asocia riesgos epidemiológicos, “hay riesgos asociados por aguas servidas en la Panamericana, afecciones respiratorias en la piel y dengue”.

El Sargento Mayor Alexander Coa, parte de la comisión del Cuerpo de Bomberos del Distrito Capital que realizó la inspección en la comunidad La Gatera en el año 2009, confirma que los tanques de gasolina no fueron tratados con las debidas medidas para evitar que emanen los gases.  Un artículo sobre el peligro de las estaciones abandonadas que publicó el diario digital argentino 24CON, especifica que “debajo de los surtidores y los adoquines esconden los tanques de combustible que durante su apogeo almacenaron miles de litros de nafta y gasoil. Esos tanques si no están debidamente llenos de agua o arena pueden filtrar restos de hidrocarburos o en el peor de los casos, explotar o incendiarse”. El Sargento Coa explica que los tanques de gasolina de la E/S. La Gatera están sellados, pero que no se rellenaron de agua o arena, como se suele hacer para prevenir estos riesgos, “están vacíos… cuando hicieron esas viviendas no tomaron ningún tipo de prevención con relación a eso”.

En adición, apunta que no hay ningún control sobre la situación, por lo tanto hay riesgos de explosiones, de colapso estructural, de enfermedades endémicas por la inhalación de los gases que causarían problemas en la piel. “No hay control con las construcciones y hay demasiada gente ahí”, agrega. De igual forma, certifica que si no se llenan los tanques siempre existirá el riesgo. “Ellos no quieren salir, alegando que no tienen en donde vivir y el Estado debe darles viviendas”, expresa Coa. Además, plantea que si los invasores hubiesen considerado esa situación como temporal no hubiesen construido las viviendas tan grandes y equipadas.  “Tenían que haber sacado a esas personas en el momento que empezaron a invadir, ya es mas difícil porque están instalados”, afirma.

El Jefe de la Sala Parroquial de El Valle 2 del IMGRAD, Marcelo González, añade que “el puente de Coche (al lado de La Gatera) esta vulnerable a sufrir daños por la inundaciones que se forman debajo de él, además por encima pasa una vía rápida y toda la calle 18 corre riesgo de deslizamiento que abarca también la parte de abajo. Hay tanto riesgos por explosión, inundación, colapso, salud y sociales”.

Igualmente, González asegura que la comunidad no está en el lugar correcto, “no pueden hacer bases, y si perforan el piso pueden llegar hasta el tanque y puede haber explosión en caso de acumulación de gases”.

Margarita Espinoza posee el croquis de la zona en donde se puntualiza la E/S. La Gatera y se proyectan los tanques de combustible. En el área de la Avenida Intercomunal se ubican dos tanques; y arriba, por la Panamericana, se encuentran cuatro tanques más. La comunidad que tomó la cauchera tiene diez años en la estación, pero los que invadieron la zona delantera hace aproximadamente un año, se hallan precisamente sobre los tanques.

Espinoza expresa, “Esta gente se metió no con intención de quedarse aquí, lamentándolo mucho sabemos que están en riesgo. No estaba de acuerdo con que se poblara la parte de afuera, estaba poblado solamente esta parte” (la cauchera). Espinoza resalta que en una oportunidad los visitó alguien de PDVSA, pero que no volvió.

Proyectos para La Gatera

Entre documentos guardados, Margarita Espinoza encuentra informes que han desarrollado organismos del Estado sobre su comunidad, todos de años anteriores y que no han suscitado proyectos concretos. Marcelo González aclara que para registrar a las personas de esa comunidad y verdaderamente tomarlas en cuenta, debe existir un consejo comunal que atienda los intereses de esa minoría. Espinoza ha estado trabajando con comunidades cercanas y finalmente han podido organizarse para consolidar un consejo comunal que cubra a La Gatera.

“Nos falta un solo paso para formalizar el consejo comunal, el 20 de mayo se hacen las elecciones”, asegura Espinoza. Por otra parte, confiesa que se postulo como dirigente de ese consejo comunal y que le gustaría negociar con la gente de La Gatera para que se hicieran estudios de suelo, además, recibir atención de PDVSA para que se retiren los tanques o se llenen de arena y así no correr riesgos. Espinoza no descarta la posibilidad de ser registrados en algún plan de vivienda posteriormente. “Vamos a ver si tenemos un poco mas de fuerza con el consejo comunal”, añade;  señala la poca participación que han tenido las mismas personas que viven en la estación de servicio “si viviéramos cómodos que cada quien haga con su mundo lo que quiere, pero es un  problema que nos engloba a todos”.

Asimismo, Marcelo González expone que el IMGRAD ha estado al tanto de la situación, y que de vez en cuando “chequean” el lugar. “Por parte del IMGRAD se hará la inspección que le corresponde y evaluación de viviendas a nivel estructural, evaluación del terreno y si es posible ver como se encuentran los tanques”.

El ingeniero geólogo Oscar Fanti Arangú publicó un articulo  en el que asegura que se han agudizado las zonas de riesgos en la Gran Caracas para las viviendas construidas espontáneamente, sobre todo por la inestabilidad geológica en los cerros y la falta de control y permisología. Arangú refiere que “la atención de los ciudadanos en situación de riesgos quedó establecida como un deber del Estado y  derecho del ciudadano en la Constitución de la RBV de 1999, en su Artículo 332,  y con el soporte de  la Organización de Protección Civil y Administración de Desastres como el órgano de seguridad ciudadana”. En su artículo, el ingeniero expresa la necesidad de exigir mayores esfuerzos por las gestiones del gobierno y de los mismos ciudadanos en cuanto la situación de riesgo, “Es necesario, ante esa realidad, exigir los mayores esfuerzos de los sistemas de gestión de gobierno en todas sus instancias, como la de los propios gestores de las comunidades, y  con los especialistas accionar planes integrales para la reducción de riesgos ambientales que se inicien y culminen con éxito,  eliminando la improvisación, dando mayor coherencia al reordenamiento urbano y su hábitat, implementando  sistemas de alerta temprana y reforzando efectivamente las edificaciones, etc.”.


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