Cine de alto riesgo


El rodaje de una película venezolana es un universo de riesgos. El presupuesto destinado a cada proyecto no cubre las medidas de seguridad adecuadas. Sin embargo, la tecnología es un recurso que ha permitido que la relación costo-calidad sea inversamente proporcional

Por Ariana Carolina Contreras Matute

Caracas, 09-05-12.- El cine venezolano en los últimos años ha incrementado significativamente su producción en relación a los años noventa.  Las buenas críticas de las películas venezolanas se han vuelto costumbre tanto en el país como a nivel internacional. Sin embargo, los logros que ha tenido la cinematografía nacional tienen un carácter peculiar: el riesgo mayor que implica el bajo presupuesto. A pesar de que órganos públicos, como la Villa Del Cine y el Centro Autónomo de Cinematografía (CNAC), financian las obras del séptimo arte venezolanas, el cine guerrilla sigue siendo el común denominador en la realización de filmes en Venezuela.

“Si yo mando a alguien a chequear la seguridad, ya gastamos los reales”, afirma Benjamín Rausseo, mejor conocido como El Conde del Guácharo, quien el año pasado se estrenó como director, productor, guionista y actor de cine. En la primera de las escenas en la selva de la película Er Conde Jones, Rausseo se fracturó una costilla, pero asegura que siguieron filmando “como si nada”.

Las medidas de prevención que se toman en la realización de un largometraje varían según la percepción que tenga cada director y/o productor sobre la situación o nivel de riesgo que se pueda vivir en el set. Marcel Rasquín, cineasta venezolano cuya ópera prima fue Hermano, no duda que la medida “más valiosa” que usó fue el vínculo que creo con la comunidad del barrio desde meses antes del rodaje. Otros cineastas, como Carlos Daniel Malavé, optan por incluir siempre un personal de seguridad que resguarde la filmación. Por otra parte, Benjamín Rausseo dice: “En el cine uno no anda corriendo peligro todo el tiempo, esto es un juego. Si  no nos atrevemos, no sabemos si estamos en capacidad o no de hacerlo”.

Las temáticas y locaciones de una película tienen una relación directa con el riesgo que pueda vivirse en el rodaje. Según las estadísticas del CNAC, el año pasado se estrenaron ocho películas, sin embargo, el total fueron doce, en las que sólo una mostró la barriada venezolana. Las locaciones usadas en la mayoría de las demás películas incluyen paisajes naturales. Años atrás casi todos los proyectos fílmicos se relacionaban con la violencia de los barrios.

La búsqueda de locaciones para la filmación se realiza en una gira de medios que hace producción. Se buscan los lugares en los que “se reduzcan al mínimo los riesgos”, afirma Marcela Girón, quien formó parte del elenco de la película Hermano, como Graciela.

La seguridad en las películas que se filman en barrios venezolanos es peculiar. Tanto Marcel Rasquín, como Carlos Malavé aseguran que muchas veces los “escoltas” que tienen son “malandros” del barrio. En ocasiones, el presupuesto incluye la contratación de personal de seguridad, quienes generalmente son policías. Sin embargo, Rasquín ha llegado a una conclusión: “lo que enrarece el lugar no eres tú, o las cámaras… son los policías”. De vez en cuando, las armas usadas en sus películas han sido de personas que residen en la zona o de policías.

“Cuando filmas películas sin dinero, te tienes que encomendar a Dios”, asevera Malavé. También comenta que el promedio de inversión en la realización de una película venezolana es $100.000 (en el mejor de los casos, la décima parte de la inversión promedio que realiza la industria hollywoodense). Casi el 100% de la producción fílmica venezolana es financiada por el CNAC.

Hace unos años, se filmó una película venezolana en la selva y a uno de los técnicos le dio una enfermedad que se encontraba en la zona y murió, recuerda Carlos. Asimismo, Benjamín Rausseo comenta que mientras estaban filmando en Egipto a uno de los técnicos le dio cálculo renal. El médico más cercano sólo hablaba árabe, no tenían efectivo y no podían usar tarjetas bancarias porque el país se encontraba en plena revuelta del caso Mubarak.

Las situaciones de riesgo en los sets de las industrias cinematográficas más desarrolladas suelen ser menores que las que se pueden presentar en una producción venezolana. Los presupuestos son muy distintos. Hace diez años, la industria cinematográfica hollywoodense (la de más producción y alcance internacional), tuvo una ganancia de 51 billones de dólares, mientras que Bollywood (India) ganó 1.3 billones. Y según indica la página especializada en cine duiops.net., la distribución india se ha concentrado sólo en el mercado interno, pues sus habitantes prefieren oír en su propio idioma.

La producción estadounidense domina las carteleras a nivel mundial. La Motion Pictures Association of America es una empresa conformada por los seis estudios cinematográficos más grandes de Estados Unidos, mejor conocidos como májors. Uno de sus objetivos, como lo dice su página web, es la “apertura de los mercados al medio único, potente y cada vez más global de la película”. Esta asociación tiene un convenio con las distribuidoras de filmes de países de todos los continentes y tiene representación en 33 naciones, aparte de EE.UU. Esto permite que las ganancias de la industria hollywoodense sean multimillonarias, pues no sólo cuenta con las ventas en su país sino en el exterior.      

“Aquí en Venezuela a una película le va bien si por lo menos cubre los gastos. Eso es un suceso” afirma Rausseo. Y Carlos Malavé opina igual: “Generalmente, nunca vas a recuperar el dinero que inviertes en una película”. Todo se debe a un factor: la taquilla. El público venezolano va en mayor cantidad a ver filmes hollywoodenses que criollos. En 2010, dentro de las diez películas más vistas en Venezuela, ocho eran estadounidenses, una británica y una venezolana: La hora Cero. El mercado del cine venezolano es Venezuela. En otros países, las películas venezolanas no llegan a cartelera. Sólo se proyectan las originarias del país y las hollywoodenses. En raras ocasiones llega a cartelera un largometraje proveniente de otra nación.

El presupuesto de una película de Hollywood puede ir desde $1.000.000 hasta los $300.000.000, lo que permite cubrir gastos que en otros países no son indispensables.

El resguardo de los las personas en todo lugar de trabajo es una obligación legal. El artículo 185 de la Ley Orgánica Del Trabajo establece que el trabajo debe presentarse en ciertas condiciones. Una de ellas es prestar “suficiente protección a la salud y a la vida contra enfermedades y accidentes”. Muchas veces esa seguridad no está garantizada, a pesar de que la mayoría de los cineastas aseguran su equipo fílmico en caso de daños o robos y a su personal en caso de accidente o muerte. Excepto la defunción, esas situaciones son comunes en un rodaje. Marcel Rasquín cuenta que una chica de casting se cayó por un barranco durante la filmación de Hermano y se fracturó una pierna. Malavé recuerda que una vez un ascensor se cayó de un piso 22 con equipos adentro, sin embargo, asegura que el 80% de la inseguridad que se vive en un set es por la violencia. “No es lo mismo filmar en este país que últimamente tiene un grado de delincuencia totalmente desaforado”.

Robos de equipos, asaltos y tiroteos han sido parte del tras cámaras de las películas de estos directores, así como otras situaciones… El Conde dice graciosamente que el riesgo que corrían en Rusia era que los metieran presos, pues no tenían permisos. “Trataron, pero nosotros nos hacíamos los locos, que no sabíamos. Y filmamos en plena muralla china también sin permisos. Todavía estamos esperando a que nos los den”.

Y si de minimizar riesgos se trata, el croma (pantalla verde) es uno de los recursos que ayuda, además de abaratar los costos de la producción. El efecto es tomado en cuenta en muchas de las películas venezolanas de la actualidad. La técnica se emplea para realizar desde grandes efectos de ciencia ficción hasta pequeños detalles necesarios. En Último Cuerpo, Guillermo Canache camina por una cornisa a varios pisos de altura, pero realmente estaba caminado en el estudio frente a una pantalla verde. Hay quienes no usan croma porque prefieren total realidad en su filme o porque simplemente no lo justifican.

La tecnología con la cuenta Venezuela para el cine está muy avanzada, para unos, y regular, para otros. Benjamín Rausseo y Carlos Malavé comentan que las cámaras en HD, digitales, son una gran herramienta y que han permitido que el cine venezolano esté en el mismo nivel de calidad de las grandes industrias cinematográficas. Marcel Rasquín opina que a pesar de los logros que ha tenido el cine nacional aún falta camino por recorrer para que esa “comunidad” se convierta en una gran industria.

El cine venezolano ha evolucionado a través del tiempo, incluso después de la recesión que antecedió al año 2005, cuando salió Secuestro Express. Los directores y productores han aprovechado al máximo la tecnología con la que hoy cuenta el cine venezolano. Sin embargo, las condiciones en las que se realizan los proyectos llegan a ser riesgosas porque no se cuenta aún con el presupuesto adecuado para reducir el peligro a lo mínimo. Aun así, la producción de cine venezolano cada día aumenta más. Er Conde deja clara su opinión: “Si haces cine en Venezuela, el único riesgo es que te metas una bola’e billete”

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