Un jardín para los caraqueños


     El Jardín Botánico de Caracas tiene setenta hectáreas cubiertas de flora y fauna que muchos caraqueños no han observado. Mientras el Parque Del Este recibe 6.000 visitas diarias, el Jardín recibe 100. Este espacio verde no atrae a los ciudadanos y, hasta ahora, no hay promoción que los motive a visitarlo.

     Por Ariana Carolina Contreras Matute

     Caracas.- Jardín botánico de Caracas dicen las letras blancas de la entrada a uno de los espacios naturales con mayor biodiversidad de la ciudad. Al pasar el portón  verde que divide a la calle del jardín, el escenario se colorea de un tono verdoso y pinceladas salteadas moradas, fucsias, amarillas, rojas, naranjas que forman parte del ecosistema que pertenece ala  Fundación Instituto Botánico de Venezuela Dr. Tobías Lasser (FIBV).

     “Aquí las personas pueden convivir con este maravilloso mundo del ambiente, de la naturaleza, de plantas por doquier y, además, en armonía con los animales”, asegura Edy Fernández, Gerente de Cooperación y Relaciones Institucionales de la fundación. Sin embargo, la gran mayoría de los caraqueños no asiste a este campo natural adscrito a la Universidad Central de Venezuela. La inseguridad, la falta de promoción, y la escasez de tiempo, atención y conciencia ecológica de los ciudadanos, son factores que influyen en la poca asistencia al jardín.

     “No tiene el público que debería tener. En Costa Rica, por ejemplo, es muchísimo el valor que le dan al jardín botánico dentro del turismo. Eso es algo que nos falta a nosotros”, comenta Vivian Castillo, jefa de divulgación e información dela Gerenciade Gestión para el Ambiente dela AlcaldíaMetropolitanade Caracas  (ECOCARACAS).

     El Jardín Botánico tiene una extensión de 70 hectáreas en las que habitan más de 2.000 especies vegetales correspondientes a unas 200.000 plantas sembradas de origen nativo y exótico. La naturaleza y el arte se combinan en este espacio verde caraqueño que cuenta con animales como ardillas, perezas y un sin fín de especies. Al amanecer y cuando cae el sol, el cielo del jardín se llena de aves, en las que sobresalen las guacamayas. Y durante todo el día, se pueden ver en las lagunas las garzas de cuerpo blanco curvilíneo, de largas y delgadas patas negras y con un pico puntiagudo color naranja.

     A pesar de las bondades que tiene el jardín, no está entre los centros recreativos naturales más visitados de Caracas. El Ávila es el mayor receptor verde de caraqueños con hasta 7.ooo visitas diarias, según informa Jesús Catro, gerente general de la empresa del teleférico. El Parque Del Este recibe más de 6.ooo, según datos de Inparques. Al Jardín Botánico de Caracas  entran alrededor de 100 personas diariamente, según los registros que lleva la vigilancia del lugar.

     La Fundación prácticamente no cuenta con promoción para el jardín.  La información del lugar y sus actividades sólo está disponible en sus cuentas de Facebook y Twitter, en el blog oficial y en la página web de la Universidad Central de Venezuela, pues la página web oficial de la Fundación está caída desde hace más de un año. La razón por la cual no hay interés en promocionar más al jardín para que aumente la poca asistencia es porque no se quiere que esto ocurra, señala  Zarayth Fermín, la periodista de Cooperación y Relaciones Interinstitucionales de la FIBV. Igualmente, comenta que para el jardín es “mejor así”, que no asistan tantas personas al espacio porque asegura que la conciencia ecológica es baja y si aumenta la asistencia, entonces aumenta el riesgo de deterioro al lugar porque la gente no acata las instrucciones del jardín.

    Por su parte, Vivian Castillo asevera que eso es un error. Asegura que mientras más actividad tenga, más conciencia ecológica se siembra. “El Jardín Botánico tiene que ser un semillero de educación ambiental y trabajar con organizaciones gubernamentales o no gubernamentales que estén dedicadas al ambiente”.

     Edy Fernández, Gerente de Cooperación y Relaciones Interinstitucionales, indica que hay personas que se llevan las aves para venderlas o tenerlas en sus casas. “Ellas son para que estén libres”, sostiene.

           Actividades en el jardín

     Las pocas visitas que recibe el jardín generalmente son de estudiantes. Desde niños de primaria hasta jóvenes universitarios llegan al jardín con el fin de realizar actividades educativas con el personal de guías o para hacer investigaciones. Los fines de semana también asisten personas para realizar actividades de meditación, como yoga, por ejemplo. El profesor Joel Sandoval imparte sus clases allí porque piensa que es el mejor lugar por su “pureza”.

     La doctora Zoraida Luces de Febres dice en prólogo de la 2da edición de la Guía Ilustrada del Jardín Botánico de Caracas: “da tristeza pensar que muchos caraqueños nunca han tenido la curiosidad de visitar este sitio de singular belleza, de admirar y disfrutar de este oasis de paz que nos invita a la reflexión”.

     La FIBV cuenta con varias actividades que puede realizar el público en este espacio verde, entre ellos los talleres y visitas guiadas generales y temáticas (en inglés y español). Los precios oscilan entre Bs. 16 y Bs 56. Los talleres que se brindan son: Horticultor Por Un Día, Sendero Ecológico, Biodiversidad y Conservación, Montaje de Muestras Botánicas, Semillita, Exploradores del Micromundo y el Rally Ecológico. Todas las actividades pueden estar dirigidas tanto a niños, como jóvenes y adultos.

     Por otra parte, hay otros talleres que tratan de especies específicas de plantas. Son dictados por los investigadores especializados de la Fundación, quienes regularmente también brindan charlas al público en general y a los empleados.

     El complejo del Jardín Botánico de Caracas también cuenta con el auditorio Mauricio Ramia y dos salones, los cuales tienen una capacidad de 250 y 30 personas, respectivamente, donde continuamente se hacen eventos artísticos, educativos, publicitarios, exposiciones, filmaciones o grabaciones de diversas instituciones y empresas. Todas las semanas se alquilan estos espacios.

            Zonas verdes en la metrópoli          

     La directora del Instituto de Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, la profesora María Isabel Peña, menciona que la ciudad tiene partes así como el cuerpo humano. “En la ciudad se puede diferenciar lo lleno (lo construido) de lo vacío. Un cuerpo de ciudad tiene que tener llenos y vacíos”. A pesar de que el Jardín Botánico de Caracas es básicamente un espacio de respiración, como asegura la profesora, también es un corredor de aves, ya que pasan por el jardín al salir y al volver a su dormitorio: los Jardines de Topotepuy.

     Los ciudadanos necesitan espacios de recreación, y en una ciudad donde amenaza la contaminación ambiental, los espacios verdes son unas de las opciones más adecuadas para asistir. “[el jardín] es maravilloso porque sensibiliza a cualquier ser humano con todo lo que es la vegetación, el trópico. Yo creo que es uno de los mejores ejemplos [de recreación]”, opina Peña. 

     Además, este espacio botánico está ubicado geométricamente en el centro de Caracas, en un lugar “estratégico”, indica la profesora. Tres estaciones del metro están cerca: Plaza Venezuela, Ciudad Universitaria y Zona Rental. También es un espacio verde equipado, es decir, que cuenta con la posibilidad de que personas de la tercera edad asistan cómodamente y que los automóviles transiten adentro. Este equipamiento no lo tiene EL Ávila, a pesar de ser el mayor centro de recreación natural de los caraqueños y el pulmón más grande de la ciudad.

     A pesar de todo, ¿por qué no asisten los caraqueños al Jardín Botánico de Caracas? La mayoría de las personas tienen años que no asisten al lugar. Las razones son la falta de interés por recorrer el lugar, la falta de tiempo que les genera la cotidianidad, la carencia de incentivos para ir y la simple omisión del lugar cuando piensan salir a recrearse.

     Aunque la inseguridad no está dentro de las razones dadas por los ciudadanos de insistencia, Vivian Castillo dice que este sí es un elemento que puede hacer que las personas no salgan tanto como antes a los lugares de recreación. Zarayth Fermín indica que las personas sólo pueden pasar al área del Arboretum con las visitas guiadas porque en más de una ocasión delincuentes han ingresado al jardín por allí  a robar a los visitantes. Por otro lado, Castillo asegura: “los espacios que la gente toma son los espacios que se liberan más fácilmente de la inseguridad”.

     Algunos caraqueños coinciden en que a este espacio verde le hace falta promoción para que la gente sienta ganas de ir. Incluso, hay ciertos ciudadanos que cuando se les pregunta por qué no van no saben qué responder. También algunos comentan que la entrada al jardín debería ser más llamativa para que la gente lo vea y sienta ganas de entrar.

     En el espacio dedicado a la FIBV en la página web de la UCV, se presenta la La Misión del Jardín Botánico de Caracas: “ser un centro de investigación y de enseñanza botánica, con colecciones de plantas nativas, extranjeras y amenazadas, para el conocimiento, disfrute y esparcimiento del individuo y la sociedad. Sirve de apoyo como aula abierta para la divulgación y promoción de la conservación del ambiente y la diversidad vegetal, a través de programas que generan ingresos propios, orientados hacia el mantenimiento del jardín, en las áreas de educación ambiental, ecoturismo, recreación pasiva. Como complemente el JBC es un sitio de encuentro científico y cultural, para el público venezolano y extranjero.”

     Edy Fernández expresa que al entrar al jardín se le pasa un switche automáticamente a las personas porque salen del estrés de la ciudad. “Encuentras la música de las aves, la brisa. Esto es un oasis dentro de una urbe dentro de Caracas.”

     Después de pasar minutos u horas dentro del paisaje natural, el camino que se tornó verdoso al entrar, empieza a volverse grisáceo con el predominio de pavimento que se va despejando a medida de que se acerca la salida del jardín. Los sonidos de los cauchos de automóviles y motocicletas empiezan a oírse más cerca, las bocinas suenan más alto, el gris de la calle se acentúa. El cruzar el portón verde es un regreso a la realidad citadina.

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