Haitianos: los papás de los helados


Los heladeros haitianos en Caracas trabajan alrededor de siete horas diarias y aseguran que gana  bien. Las cifras más recientes del INE sobre la inmigración son del 2001. Funcionarios del SAIME aseguran que la mayoría de los ciudadanos haitianos son ilegales

Por: Ariana Carolina Contreras Matute

Caracas, 03 de julio de 2012.- Maitré Jose Blido es un haitiano que llegó a Caracas hace 15 años. Ése es el mismo tiempo que tiene vendiendo helados frente al colegio San Francisco de Asís en Los Palos Grandes. Llegó solo, con visa de turista, a Venezuela para trabajar. Hoy es residente y vive con su familia en Catia. “Cuando uno llega a un país, los primeros años, no se siente bien. Después… más o menos”. Todos los días sale de su casa a las ocho de la mañana y llega al colegio entre 11 y 11:30am. A un cuarto para las seis de la tarde se va de nuevo a su hogar.

Maitré es uno de los cientos de heladeros haitianos que trabajan en Caracas. Antonio Tovar, uno de los coordinadores de ventas de la empresa de helados EFE, explica que la compañía no tiene un contacto directo con los heladeros. Son los distribuidores, que compran los helados al mayor a la empresa, los que les proporcionan el producto a los vendedores y les alquilan los carritos. “Ellos son vendedores independientes”, asegura Alex Tenorio, dueño de uno de los distribuidores de la marca. Cualquier persona puede ir a comprar helados al mayor para vender al detal. Tovar afirma que el distribuidor que más clientes haitiano tiene es el de Petare, con un total de 60. Sin embargo, existen otros como el de Nuevo Circo, La Hoyada y Los Chaguaramos.

Otro de los heladeros haitianos, cuya identidad no será revelada, comenta que gana el 20% de los helados (de una de las franquicias más grandes del país) que vende. Si el precio promedio de un helado es de Bs. 15 y si el heladero vende 42 diarios, mensualmente gana Bs. 3.780. La cesta básica ronda los Bs. 1.800. Ellos no cuentan con cesta tickets ni con un contrato laboral. Varios haitianos que se dedican a este trabajo afirman que la razón por la cual decidieron vender helados es porque se gana bien.

Arrold Saintilma, Asistente de Administrativo para Asuntos Consulares de la embajada de Haití en Venezuela, comenta que la mayoría de los ciudadanos haitianos que viven en Caracas reside en Carapita y Los Magallanes de Catia. Y, efectivamente, muchos de los heladeros haitianos confirman que ésos son sus lugares de residencia. Pero también hay una parte considerable de ellos que no emiten ninguna palabra referente a su situación personal o laboral con otras personas que no sean de su mismo origen. Cuando están trabajando, la mayoría sólo se comunica con los demás ciudadanos para vender sus helados.

De Haití a Venezuela

Según la UNICEF, entre el 2000 y el 2009, el 55% de la población en Haití se encontraba por debajo de la línea internacional de la pobreza, es decir, que vivía con menos $1,25 al día. Según el Banco Mundial, Haití contaba con un Ingreso Nacional Bruto (INB) calculado a precios de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) por habitante de $1.180 para 2010. Venezuela contaba con un INB PPA de $12.830. Expertos aseguran que la situación económica de Haití es una de las principales casusas de emigración en el país. Y después del terremoto de 2010, el panorama económico y humanitario empeoró y las emigraciones se elevaron con las ayudas y facilidades que presentaron diversos países del mundo para los caribeños.

Raúl Bolívar, funcionario de la División de Operación de Migración del SAIME, indica que después de ese terremoto, se tuvieron “consideraciones especiales, por cuestiones humanitarias”. Se les simplificaron los requisitos a los ciudadanos haitianos para ingresar al país. Estas medidas tenían más peso cuando las personas tenían familiares residiendo en Venezuela. El Presidente de Ecuador, Rafael Correa, también implementó mecanismos de ayuda con los haitianos para que obtuvieran la residencia en su país.

Leslie David, embajador de Haití en Venezuela, afirma, en  una entrevista hecha por el portal web análisis365, que antes del terremoto los inmigrantes haitianos eran alrededor de 15.000 y después del terremoto aumentaron a 20.000, aproximadamente.

Germán Martínez, funcionario del departamento de Control Migratorio del SAIME, asevera: “la mayoría de los haitianos que están aquí son ilegales”. También afirma que los haitianos que ingresan al país por un tiempo limitado deben tener su visa de turista, la cual les permite estar en el país durante 90 días, prorrogables por 90 días más. Posteriormente, si desean quedarse, deben solicitar la visa de transeúnte, que les permite trabajar libremente con su cédula de extranjeros –los extranjeros no necesitan tener visa de transeúnte para comprar helados al mayo y venderlos-  y después la de residente. Luego de 10 años, se pueden naturalizar. La condición de ilegal se tiene desde el momento en que se vence el tiempo de la visa solicitada y no piden la correspondiente a su estadía.

Leslie David asegura que los vendedores de halados antes estaban ilegales en Venezuela. “No tenían papeles, pero después del terremoto con la gentileza del presidente, todos los haitianos son legalmente reconocidos. Y yo pienso que, comparando con otros países en los que he estado, la situación de los inmigrantes haitianos aquí es bastante cómoda”.

Martínez informa que actualmente se está haciendo un estudio para regularizar a los ciudadanos haitianos que se encuentran ilegales en el país, pero aún no hay resultados. Daniel González, funcionario del departamento de Servicio de Atención al Usuario (SAU) del Instituto Nacional de Estadística (INE), indica que es muy difícil conseguir este tipo de datos, ya que las personas no dan la información a los encuestadores o mienten. Afirma que no hay forma de tener un número exacto de inmigrantes en condición de ilegal.

Los datos más recientes que tiene el INE sobre la inmigración haitiana están basados en el censo de 2001, donde el total de haitianos legales en el país era de 1.661, de los cuales 1.076 eran considerados extranjeros y 482 estaban naturalizados. En ese entonces, 659 haitianos residían en Distrito Capital, según en un estudio del Servicio Jesuíta al Refugiado llamado Haití está en Venezuela, de Jesús Machado, miembro de la redacción de la revista Sic. En la base de datos del INE no hay registros de ingresos de haitianos como turistas: están incluidos en la categoría de otros.

Venezuela, Haití y Sociedad

Machado afirma que existe hostilidad por parte de los venezolanos hacia los inmigrantes haitianos y que la gran mayoría se dedica a la economía informal. Además, asegura que los pocos datos existentes, dispersos y poco sistematizados acerca de esa inmigración, permite ver que tal vez los haitianos en Venezuela son relativamente pocos. Por lo tanto, indica que no podría decirse que estos ciudadanos hacen una ocupación extensiva de los espacios sociales nacionales. Explica que por eso no hay una competencia a la fuerza laboral venezolana, ni hacen una presión excesiva en los sistemas precarios de servicios sociales básicos, como salud o educación.

La mayoría de los heladeros comentan que se vinieron trabajar solos a Venezuela. Germán Martínez, funcionario del SAIME, opina que  los haitianos sí tienen un impacto social en el país. “Nos quita a nosotros el empleo, la vivienda”. Piensa que es un problema que los ciudadanos se queden de forma ilegal en el país y que es necesario que se regularicen.

El sociólogo y profesor de la escuela de comunicación social de la UCV, José Fernández, expone que realmente los inmigrantes haitianos no generan grandes consecuencias en la dinámica social venezolana.

La vida de un heladero haitiano

José –cuya verdadera identidad no será revelada- tiene un año en Venezuela. Con una sonrisa y notable entusiasmo vende sus helados en la acera frente a las tiendas de Sabana Grande. Vive en Carapita. Es uno de los pocos haitianos que llegó a Caracas con su familia, llegó conociendo a cuatro paisanos residenciados aquí. Dice que se siente feliz donde vive hoy y que le gusta vender helados. Los compra en Nuevo Circo y con las ventas le va “más o menos”.

Miguel ––cuya verdadera identidad no será revelada- también camina por el bulevar de Sabana Grande a un paso acelerado, junto a su respectivo carrito. Tiene tres años residenciado en Catia. Se vino a Venezuela solo y a trabajar. Dice que le ha ido bien con el negocio. Empieza a vender helados desde las nueve de la mañana a hasta las cinco y media de la tarde. A pesar del tiempo que lleva en Caracas, casi no habla español y por eso se le dificulta entenderlo.

Y Jesús ––cuya verdadera identidad no será revelada-  no vende los helados de las grandes franquicias. Sus precios son de Bs. 3, sin embargo, afirma muy seguro que gana bien con ese trabajo. Vive en Carapita y vende helados en Chacaíto, frente a una parada de autobús, donde en las horas pico pueden pasar más de 100 personas cada minuto. Como la mayoría de los haitianos, se vino a Venezuela solo, pero ya conocía a personas que vivían aquí. Vende helados desde las diez y media de la mañana hasta las seis de la tarde. Se siente bien en el país y quiere hacer un curso de informática.

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