Salud mental en la cola


A pesar de la poca cobertura de demanda que existe en el país, las enfermedades mentales son más comunes de lo que se cree pero son aún objeto de estudio de los entes encargados. Con las deficiencias existentes, es cuestión del ciudadano de elegir que opción le parece más beneficiosa a su salud

Noderlin Vivas

Jey, cuyo nombre real ha decidido permanecer oculto, tiene unos 36 años. Es músico desde que tiene consciencia y ha dedicado su vida a cultivar su talento en distintos ámbitos del espectáculo. Lo que no ha sido en vano. Su rutina diaria lo mantiene ocupado con compromisos laborales desde que se levanta y recibe constantes elogios por su buen desempeño. Pero durante las noches,  es esta, su música, y su escritura, su único refugio antes las constantes horas de desvelo que no le dejan descansar.

En silencio, Jey es maníaco depresivo, tiene un trastorno obsesivo-compulsivo y además sufre de déficit de atención y dislexia.  Hace ya varios años que dormir no es parte de su agenda y pasó a formar parte del  0,77% de la población con algún trastorno mental, según cifras aportadas por el Ministerio del Poder Popular para la Salud a la fundación Provea en el año 2010.

En este documento, señala que los trastornos de Jey son más frecuentes de lo que él imagina. De hecho, la ansiedad es la principal enfermedad mental del venezolano. A lo que le siguen los trastornos de personalidad y en tercer lugar están las disfunciones sexuales, como la eréctil, la orgásmica, eyaculación precoz y bajo deseo sexual. También se incluyen el déficit de atención, la epilepsia, el retardo mental, abuso de drogas, demencia y el trastorno bipolar.

Ante esta fuerte demanda, nacen entonces iniciativas públicas y privadas de para darle pie y cabeza a la situación. Pero esto va por partes.

Un asunto de capacidad hospitalaria

En el año 2007, por iniciativa de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría, múltiples grupos de especialistas unieron esfuerzos, para presentar ante las instancias Gubernamentales, un proyecto de la Ley Orgánica de Salud Mental. No obstante, surgió antes la necesidad de tener estadísticas reales y detalladas sobre la situación de la psiquiatría en el país, lo que llevó a otros desenlaces.

Fue así como en 2008, el equipo decidió iniciar el denominado “Estudio de Morbilidad Psiquiátrica en Venezuela”, que nació  con el fin de determinar desde los trastornos mentales más comunes en el país hasta la capacidad de respuesta de las áreas de hospitalización psiquiátrica. De esta manera, y con aportes provenientes de las empresas y labor conjunta con el Instituto Nacional de Estadística, se adelantó en el estado Anzoátegui el censo piloto que se realizó en la población de El Tigre, durante 2009.

El programa para la salud Mental del Ministerio del Poder Popular para la Salud, pasa a llamarse entonces “Programa Comunidad Segura y vida plena”, que maneja actualmente las estadísticas del país y que arrojó el pasado 28 de junio, de la palabra de la Ministra de la Salud, Eugenia Sader, que actualmente hay 11 hospitales psiquiátricos que tienen una capacidad de 1090 camas. Esto quiere decir, que la existencia actual cubre alrededor del 0,50% de la demanda existente. Según la Ministra, se espera construir más instalaciones psiquiátricas.

Pero la demanda no solo tiene que ver con la disponibilidad de camas. También se relaciona con la disposición de personal. Tibisay Bonano, es la jefa del área de enfermería de la hospitalización psiquiátrica en el Clínico de la UCV, una unidad docente y médica. Con 15 años de servicio, ella cuenta como llegan y salen pacientes con distintas patologías contantemente, pero no sucede igual con el personal. “Ahorita no tenemos residentes de psiquiatría, solo de psicología, y la única doctora que ésta con esa especialidad tiene que hacer la guardia en turno completo. Esta bastante ocupada”, dice.

ImagenLo mismo, por ejemplo, ocurre en el Hospital Psiquiátrico de Caracas, el más viejo de la ciudad y cuyas enormes paredes viejas y oscurecidas por el tiempo reflejan los rastros de historia mental que allí se encierra, pero que a las que ninguno no autorizado puede acceder. Según una fuente que deseó no ser identificada, el déficit es medico. “Tenemos estudiantes de enfermería y algunos de psicología, pero no hay psiquiatras, entonces a veces a nosotros mismos nos toca darle los medicamentos a los internos”, comentó.

Para los profesionales de la salud, no es usual elegir ser asignados a las áreas donde reciben tratamiento los pacientes con trastornos mentales. “Yo llegué aquí por necesidad, porque después de varios años dando mis servicios al hospital requerían personal y aquí me quedé”, apunta Bonano. En cambio, para María Blanco, camarera compañera de trabajo de Bonano, esta ha sido una experiencia de vida. “Una se encariña con ellos, pues. A mí por lo menos nunca me han golpeado, todos aquí salen golpeados alguna vez pero yo no. Este es un trabajo muy bonito porque una va viendo como ellos cambian y también se encariñan con uno”, explica.

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Clasificar o no clasificar

La dinámica para la recuperación de una patología mental es casi siempre la misma en los centros de salud. Las personas permanecen por una estancia de tiempo en habitaciones separadas por sexo y reciben sus tratamientos y consultas con su médico tratante forma individual, más terapias grupales. Además, tienen horas de esparcimiento que es cedida siempre que el paciente esté listo para recibirla y terapias ocupacionales en las que enseñan varias labores. Durante un período de tiempo considerable, el paciente solo mantiene contacto con los otros internos.

Esta falta de distinción, ha traído sus consecuencias. “Aquí antes se atendían personas con casos suaves, de poco tiempo, pero ahora llega todo el mundo, con todos los casos y por eso el lugar a veces no es suficiente, no esta diseñado para tanto”, comenta Bonano sobre las instalaciones del Clínico de la UCV.

Por su parte, el psiquiatra Carlos Sanchez Nuñez, perteneciente a la Clínica El Cedral, opina que la alta demanda se hace más difícil de atender porque el Estado no ha clasificado los tipos de internos. “El problema de los centros de atención psiquiátrica públicos es que el tiempo de duración es mucho más largo. Mientras para nosotros una estancia corta es de 12 a 28 días, para el Estado, una estancia corta puede llegar a los 3 meses. Tienen que construirse centros de larga estancia a parte, para poder trasladar allí a los pacientes con complicaciones más severas”, explicó.

Las declaraciones ofrecidas por la Ministra Eugenia Sader, se realizaron en el marco del I Encuentro de Coordinadores de los Servicios de Salud Mental,  organizado por el Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS) que se realizó con la finalidad de insertar a todos los hospitales psiquiátricos en el Sistema Nacional de Tratamiento de las Adicciones.  La idea de esta reunión, es concretar políticas de inclusión de las personas con adicciones a los centros de hospitalización psiquiátrica.

José Luis Parra, enfermero de hace más de 15 años de experiencia considera que esto  podría ser contraproducente. “Las personas con adicciones no suelen recibir tratamientos con fármacos como los que tienen otras patologías. Al estar en los mismos centros, comienzan a recibirlos y además, su permanencia puede verse afectada por los trastornos de las otras personas, lo que puede agravar su situación”, advierte.

Parra, labora además en centros penitenciarios desde hace más de 10 años y de su experiencia cuenta que allí, los trastornos son muy comunes y el trato es mucho más complejo que en los centros de asistencia a los civiles. “Allá la mayoría de las personas tienen trastornos mentales. Muchos de ellos hablan solos, no pueden dormir, molestan a los otros reclusos y entonces son medicados”, explica. El psiquiatra del centro penitenciario Yare 3, Jeremías Tocuyo, añade que esto es un problema de clasificación de internos y de falta de espacios adecuados. “Lo que sucede es que ninguna cárcel desde hace catorce años tiene un anexo psiquiátrico penitenciario, como lo establece la Ley. Los internos reciben tratamiento individual y son medicados, pero permanecen en las mismas áreas que los otros internos y comienzan a molestarlos. El Estado no los clasifica debidamente al ingresar y luego, cuando los psiquiatras enviamos los oficios pidiendo el traslado de algún interno con un trastorno fuerte, los jueces son poco receptivos y por lo general engavetan los informes”, explica.

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 La alternativa privada o el Seguro Social

A Jey le da miedo acudir a ser atendido en un centro  psiquiátrico público para ser hospitalizado. Y un centro privado le parece muy caro. “Me piden unos veinticinco mil bolívares y yo no los tengo”, dice.

Para Reina García, esto no fue un problema a la hora de ingresar a la Clínica El Cedral hace dos años a recibir una cura de sueño por depresión. Su miedo era otro. “Cuando me estabilicé, yo solo quería irme de allí. La atención es excelente, la comida y el personal, pero la capacidad del lugar ya no se da basto con lo que tienen. Los colchones tienen marcados el cuerpo de las personas y todo esta muy viejo. Mi mayor miedo es tener que volver allí si recaigo”, comenta. Y agrega que tiene entendido que ese es el mejor lugar que ofrece el servicio de forma privada, pero que siente que necesitan nuevos insumos, al menos de cuando ella estuvo como paciente.

Disyuntivas como estas, son las más frecuentes en los pacientes ante la falta de información sobre los servicios de los centros.

ImagenUna de las opciones más utilizadas es la afiliación a Clínicas del Instituto Venezolano de Seguros Sociales, que recientemente reinauguró su centro de salud mental  Dr. Jesús Mata de Gregorio, antes ubicado en Sebucán, ahora con nueva sede en Los Chorros. Éste es uno de los más modernos que existen sin costo alguno más que lo cubierto por su cotización de vida al Seguro Social. Mantiene consultas externas y área de hospitalización con 20 camas para pacientes, cada una con su baño individual.

A las personas que no tienen esta alternativa, el Ministerio del Poder Popular para la Salud, a través de su “Programa Comunidad Segura y vida plena”, ofrece a quienes lo postulen, la oportunidad de ser subsidiados por el estado para recibir tratamiento mental en una clínica privada, designada por la instancia pública.

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A pesar de que los trastornos mentales son comunes como padecer una enfermedad física, los tratamientos para ésta última son mucho mas visibles y asequibles para el venezolano. Para el psiquiatra Carlos Sánchez Nuñez, el tema de la salud mental es un tema que depende del alto grado de estigmatización que hay sobre el tema. Cuando quienes lo padecen a veces son quienes temen hablar de él, la misma comunidad es la que debe acercarse e iniciativas tanto públicas como privadas deben nacer para hacer eco en la población de un asunto que es salud pública.

“Parece mentira, pero la gente cuando tiene problemas físicos corre a atenderse, pero cuando es un problema mental no le dan importancia”, dice Jack González, enfermero del centro de salud mental  Dr. Jesús Mata de Gregorio.

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