La Avenida Libertador es más que Sexo


La transfobia y la violación de los derechos humanos más básicos contribuyen a que las mujeres transgéneras vean como única forma de sobrevivencia y de sustento al comercio sexual. Esto lacera su seguridad personal,  las hace vulnerables a los abusos y a la discriminación

Por: Andrea Suárez

Cuando llega la noche, por las aceras de la Avenida Libertador desfilan personas en ropa interior, en vestidos muy cortos, mayas o licras muy ajustadas que dejan muy poco a la imaginación. Son mujeres transgéneras. Chicas que desde muy jóvenes, como lo definió en los años 60 el psicoanalista Robert Stoller, se encontraron encerradas en cuerpos de varones y que por muchas razones, se vieron obligadas a dedicarse al comercio sexual.

“Creí que era la única opción de vida que uno podía lograr”, comenta Ailed Arias, persona transgénera femenina que por breves instantes de su vida se dedicó al comercio sexual. Ella explica, “yo caí en este trabajo fue por el estigma que sufrimos las personas trans en Venezuela, solamente nos podemos dedicar es a eso”.

En tal sentido, Hanna Migliavacca, mujer transgénera, dice en su artículo “Derechos Humanos e Identidad de Género” que la violación de los derechos humanos más básicos contribuye a que las personas transgéneras vean como única forma de sustento el trabajo sexual. Además, el dedicarse a este oficio aumenta las vulnerabilidades en el aspecto de seguridad personal, la extorsión y abuso del poder por parte de los organismos policiales, de la salud, de las drogas y el alcoholismo.

Esta joven de 24 años dice: “el servicio sexual “Es una batalla que libras día a día contra la muerte”. También comenta que esa forma de vivir las lleva a hacer muchas locuras, y conocen un mundo totalmente hostil ya que la vida nocturna es bastante fuerte.

Cada una de las chicas, todas las noches, corren el riesgo de que un carro las atropelle por transfobia o que les arrojen ladrillos desde autos en movimiento. Se conoce de un caso de una joven trans que le lanzaron desde un camión un ladrillo acompañado de palabras insultantes que la dejaron con la cadera desplazada y en silla de ruedas. Por otra parte, las trabajadoras sexuales también están expuestas a que les zumben botellas desde los edificios, o en el peor de los casos, que pase algún gatillo alegre y las ataque por discriminación.

En consecuencia, y debido a las constantes agresiones transfóbicas, Transgender Europe desarrolló el Observatorio de Personas Trans Asesinadas; el cual deja ver en su mapa interactivo seiscientas muertes de personas transgéneras, de casi 50 países a nivel mundial, registradas desde 2008 hasta mayo de 2011. De estos seiscientos asesinatos, 32 fueron perpetrados en territorio venezolano. Hay que tener en cuenta que estas cifras corresponden solamente a los datos conocidos, ya que en muchos países no se tiene acceso a esta información.

Del mismo modo, el alcohol y las drogas son otro elemento que en la mayoría de los casos están unidos al comercio sexual. Para algunas chicas son sus aliados, las ayudan a no sentir, a tolerar a los clientes y sus exigencias que ellas deben cumplir. En reiteradas ocasiones el alcohol y las drogas son indispensables para aguantar los excesos de violencia de los cuales son víctimas con frecuencia.

En muchos casos, los clientes que solicitan este tipo de servicios son personas que presentan conductas autoritarias, utilizan palabras muy denigrantes, y no conforme con agredir al cuerpo de las trabajadoras, insultan su dignidad, las denigran como persona. “A pesar de que dicen que las drogas congelan las emociones, llega un momento en el que te derrumbas, la vida se te vuelve cada vez mas pequeña y mas sucia y es algo de lo que quieres escapar pero en el momento no puedes”, cuenta Ailed.

También, el abuso de poder por parte de la policía es el pan de todos los días. Muchas chicas transgéneras y que se dedican al trabajo sexual cuentan que son frecuentes las persecuciones y los arrestos donde no se les trata con ningún tipo de respeto. Revelan que les quitan la cédula de identidad, las golpean y después le dicen a la chica que tengan bajo su poder en esa noche: “hoy te toca pasar coleto”. Esto significa que la persona transgénera le debe practicar sexo oral a todos los que se encuentren en el comando en ese momento y sin réplica alguna porque la llevan presa culpándola de algo que no ha hecho. Mientras esto ocurre, son golpeadas e incluso grabadas.

En tal sentido, Miglavacca, Hanna (2009) dice: “Los TG experimentan un alto grado de discriminación, intolerancia, irrespeto o “simple” violencia física. Así, los DDHH básicos les son violados en lo que hace al derecho a la vida, derecho a la integridad física, derecho a la salud, derecho al trabajo, derecho a la educación, sólo por mencionar algunos”.

No obstante, y a pesar de todos estos inconvenientes que suelen pasar las trabajadoras sexuales transgéneras, hay chicas a las cuales les va muy bien y no quieren, por ningún motivo, dejar de prestar este servicio. Algunas es porque desean reunir la ansiada suma de dinero que es necesaria para hacerse todas las operaciones que requieren y así, terminar de feminizar sus cuerpos. Otras porque simplemente les gusta y prefieren eso a tener que buscar trabajo y ser rechazadas sin razón alguna.

En este aspecto, la psicóloga Elena Hernayz de la Fundación Reflejos insiste en lo complicado que es para este sector de la población el conseguir trabajo. En muchos casos, cuando se acercan, por ejemplo, a un restaurant y solicitan trabajo aunque sea de limpieza, son rechazadas y desechadas porque simplemente son transgéneras.

Algo similar a esta idea es la experiencia de Venus, una joven trans que se dedica a prestar servicios sexuales en la Avenida Libertador. Ella cuenta que eligió este oficio porque se gana mas dinero; además es mas fácil y no se siente rechazada ni por su entorno de trabajo ni por sus clientes. “Así como en la calle se consigue peligro, también se consigue suerte y cosas muy bonitas”, opina.

Venus no refiere ningún caso de violencia. Ella explica que gracias a Dios siempre le ha ido bien. Ella dice que tiene su religión, que es muy devota de la Virgen Del Valle, a la cual  siempre le pide que la proteja con su manto y pues, como siempre la mantiene alumbradita y le pide mucho en todo momento, la Virgen la cuida cada vez que sale.

Asimismo, esta chica de 21 años comenta que los encuentros nada amistosos con la policía forman parte del día a día. No obstante, aclara que en estos momentos los que mas las molestan son los guardias nacionales. Este cuerpo de seguridad se dedica, en ocasiones, a vigilar para saber quienes son los  interesados en el servicio sexual y luego, las extorsionan a ellas o a los clientes a cambio de no decir quien estuvo allí esa noche.

Por otra parte, Venus es una joven morena que no muestra ningún tipo de síntomas visibles de violencia física. Ella niega la utilización de drogas para sobrellevar los menesteres de su trabajo. De igual forma, asegura que frecuentemente toma vitaminas, y en general, todo aquello que la ayude a estar bien y bonita. Por último, asegura el uso del preservativo en cada una de sus prácticas sexuales porque de ese modo se cuida a sí misma y se evita contraer algún tipo de enfermedades.

En general, y a pesar de que a Venus le va  muy bien, ella explica que todas son como especies de parques de diversiones donde la gente va y se distrae. Pero cuando ocurre algún asesinato o golpean a alguna de las chicas, nadie vio nada, nadie sabe nada. Es en ese momento, donde ella considera que si todas fuesen tratadas como personas, se respetaran los derechos humanos y pudieran acudir a algún organismo policial que realmente las apoyara y no se burlara de ellas todo sería distinto.

Pues bien, algunas chicas se cansan de ser ignoradas, burladas, ofendidas y humilladas por los policías, por los clientes violentos y por la sociedad entera. Se cansan de estar solas, y cuando se dan cuenta que han llegado a lo mas profundo toman impulso de ese mismo fondo para lograr salir de esa situación. “Me di cuenta que había otras opciones de vida y poco a poco fui superando esa etapa”, narra Ailed.

Ella dice que simplemente el hecho de tener que estar con una persona que no le gustaba, las cosas que debía permitir, el necesitar permanecer drogada y tener que trabajar prácticamente para sobrevivir y mantenerse al día con los pagos de los policías, de los proxenetas y de la droga, era algo que poco a poco la iba consumiendo.

Un día, después de dos largos años y de darse cuenta en lo que se había convertido, decidió salir de esa situación. “Hay que tener bastante fuerza de voluntad para decir hasta aquí llegué, puedo hacer algo más”, dice Ailed. Y así fue, buscó ayuda profesional, familiar y de amistades. Se dedicó a recuperarse, a veces con pasos cortos, otras con pasos largos.

En la actualidad, Ailed considera que ha logrado mas cosas que las que logran algunas personas que no padecen  ningún tipo de estigmatización o discriminación y están entre lo socialmente aceptado. Habla 2 idiomas, se encuentra estudiando su segunda carrera universitaria, es defensora de los derechos humanos de trabajadoras sexuales transgéneras en situación de calle, y también, es defensora de los derechos de las personas transgéneras a nivel universitario. Ella dice con satisfacción: “Soy una mujer realizada”.

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